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Esta historia, sucedió una noche, en el cuartito donde se guardan los artículos de limpieza de un salón de eventos llamado “Anabelle”, ubicado en la ruta 9, durante el festejo de un casamiento. Cuando Fernanda y Cayetano se vieron, se quedaron paralizados, no se saludaron, no se hablaron y pensaron que desde ahora se encontrarían de casualidad en los festejos importantes de Bety y Manuel. Este fue uno de esos festejos. Fue el primero. Y el último.

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El comisario Gallo llama a la sargento Valentini quién le debe un favor para hacer un operativo que perjudicaría a un protegido del inspector Benavídez: a Juan Carlos Riestra lo quieren agarrar en un sauna acusándolo de corrupción de menores. Valentini siempre respondió a Benavides, el hombre fuerte de los murciélagos y de quién está enamorada, pero decide traicionarlo por despecho y porque no le queda otra. Hasta hace poco tiempo estuvo viviendo con Ordóñez, un cabo al que le habían quitado la placa por un episodio confuso con un travesti. Valentini no puede estar sola porque tiene conductas compulsivas. Para el operativo el comisario Gallo le adjudicó al único hombre fiel que tiene que es el cabo Ordóñez, y ella le pidió que la deje participar a su hija Andrea Gallo, no le dijo nada pero lo hizo para no estar sola con Ordoñez. Los tres, la sargento Fernanda Valentini, la agente Andrea Gallo y el cabo Julio Ordóñez, están en un depósito de una antigua casa de telas. Su misión es observar por un monitor los movimientos del local nocturno vigilado por unas cámaras que colocó Julio Ordóñez, ni bien llegue Juan Carlos Riestra se presentarán en el lugar y procederán a detenerlo. Hasta aquí la protohistoria pero una vez encerrados se les arma un entrevero de sentimientos y no se les ocurre mejor idea que meter preso al amor, pero el amor se les escapa y les queda la resaca amarga de haber mezclado sentimientos.

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